Los espejos y la cópula son abominables, pues multiplican el número de los hombres.Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Ficciones. Jorge Luis Borges.
martes, 30 de noviembre de 2010
Ficciones
lunes, 29 de noviembre de 2010
El lobo estepario
Pensaba describir a Harry Haller, decir quién es y debido a qué es el protagonista de esta obra... pero existiendo el tractac del lobo estepario mi esfuerzo sería inútil :)
La lectura está dividida en cuatro secciones. La primera es una introducción en la que Harry se nos presenta como un ser culto, deprimido y melancólico, alejado de los placeres de la burguesía a causa de la incompatibilidad de ésta con su espíritu.
Durante la segunda Harry establece un primer contacto con el Teatro Mágico, pero no logra encontrarlo. Al final un misterioso personaje le da un aún más misterioso folleto: el "tractac del lobo estepario", cuyo contenido íntegro es la tercera parte, que resulta ser una especie de profundo análisis psicológico de la lucha interna del hombre y el lobo estepario que sufre el protagonista.
Ya en la última, más extensa y espesa parte del libro una serie de sucesos acaba haciendo que Harry encuentre por fin el Teatro Mágico, que no es más que una lucha interna en la que aprenderá que no todo es hombre y lobo, sino que en función de las circunstancias de la vida hay que saber usar una personalidad, como si la misma vida fuese un tablero de ajedrez.
Dejo por aquí algún fragmento que me ha llamado especialmente la atención:
Solo para locos. No para cualquiera.
Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de si mismo y de su vida. Esto no pudo conseguirlo. Acaso ello proviniera de que en el fondo de su corazón sabia (o creía saber) en todo momento que no era realmente un ser humano, sino un lobo de la estepa.
[...]
Pero lo que él dentro de sí llama "hombre", en contraposición a su "lobo", no es, en gran parte, otra cosa más que precisamente aquel "hombre" mediocre del convencionalismo burgués. El camino al verdadero hombre, el camino a los inmortales, no deja Harry de adivinarlo perfectamente y lo recorre también aquí y allá con timidez muy poco a poco, pagando esto con graves tormentos, con aislamiento doloroso.
La lectura está dividida en cuatro secciones. La primera es una introducción en la que Harry se nos presenta como un ser culto, deprimido y melancólico, alejado de los placeres de la burguesía a causa de la incompatibilidad de ésta con su espíritu.
Durante la segunda Harry establece un primer contacto con el Teatro Mágico, pero no logra encontrarlo. Al final un misterioso personaje le da un aún más misterioso folleto: el "tractac del lobo estepario", cuyo contenido íntegro es la tercera parte, que resulta ser una especie de profundo análisis psicológico de la lucha interna del hombre y el lobo estepario que sufre el protagonista.
Ya en la última, más extensa y espesa parte del libro una serie de sucesos acaba haciendo que Harry encuentre por fin el Teatro Mágico, que no es más que una lucha interna en la que aprenderá que no todo es hombre y lobo, sino que en función de las circunstancias de la vida hay que saber usar una personalidad, como si la misma vida fuese un tablero de ajedrez.
Dejo por aquí algún fragmento que me ha llamado especialmente la atención:
-¡Je,je! Hijo mío, te estás haciendo un lío, y no dices ni pío. ¿Piensas en tus lectores, sufridos pecadores, los ávidos roedores? ¿Piensas en tus cajistas y linotipistas, herejes y anabaptistas, cizañeros y trapisondistas, y no más que medianos artistas? Me da mucha risa tu angustia imprecisa, tu torpe sonrisa; ¡es para morirse de risa y como para hacérselo en la camisa! veo tu lucha incruenta con la tinta de imprenta, con tu pena violenta, y por evitarte la afrenta, aunque sea una broma tremenda, voy a hacerte de un cirio la ofrenda. ¡Vaya un galimatías que te has armado; te sientes ridículo, desgraciado, y estás en evidencia y condenado y ante tus propios ojos menospreciado! No sabes qué hacer ni qué emprender. Con Dios logres quedarte, pero el diablo vendrá a llevarte, y a zurrarte y a apalearte, por tu literatura y arte, como que todo lo has aprendido en cualquier parte.
Toda especie humana tiene sus caracteres, sus sellos, cada una de sus virtudes y sus vicios, su pecado mortal. A los caracteres del lobo estepario pertenecía el que era un hombre nocturno. La mañana era para él una mala parte del día, que le asustaba y que nunca le trajo nada agradable. Nunca estuvo verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida, nunca hizo nada bueno en las horas anteriores al mediodía.
Soledad era independencia, yo me la había deseado, y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas.
El que haya querido los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya querido aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado.
Solo para locos. No para cualquiera.
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