lunes, 30 de agosto de 2010

La lluvia amarilla

Hace unos días cayó en mis manos un libro titulado "La lluvia amarilla", de Julio Llamazares.

Escrito en forma de monólogo, asistimos al paso de los años en las etapas finales de la vida del último habitante de un pueblo abandonado en los Pirineos llamado Ainielle. El escritor consigue crear una atmósfera de angustia, tristeza y melancolía unida al protagonista al ir recordando los hechos más importantes relacionados con la decadencia del pueblo y sus antiguos habitantes, a la vez que lidia con el tiempo, su soledad y la destrucción de su memoria, con la única compañía de su perra.

Resulta ser una obra triste, triste y cruda, pero a la vez preciosa y con mucho encanto; existen multitud de frases, párrafos, o incluso capítulos enteros que merecen ser leídos más de una vez por su profundidad, complejidad y belleza.

Próxima parada: El lobo estepario, de Hermann Hesse :)

miércoles, 4 de agosto de 2010

Carta blanca

Hace unas horas terminé de leer Carta blanca, de Lorenzo Silva, que llegó a mí de manos de un buen amigo. Me ha resultado una lectura muy placentera por el realismo con el que relata los duros hechos que ocurren a lo largo de la historia, destacando los que ocurren en la primera y tercera parte de las tres divisiones de la novela, así como la capacidad del autor para envolver al lector en los escenarios en los que tienen lugar los acontecimientos y en la piel de los personajes.

La primera etapa transcurre en la Guerra de Marruecos, con Faura como un legionario novato pero muy preciso con el fusil, atormentado por un pasado tan oscuro como la noche en que parte hacia una encrucijada que dejará una mella imborrable en su conciencia.

Para la segunda parte se nos reserva el verdadero núcleo de la novela, la definición y evolución del personaje protagonista. No digo nada porque todo lo que ocurre y se cuenta es clave.

En la tercera se nos sitúa en los años treinta, en plena Guerra Civil. Faura sigue carente de paz interior, ve en el hecho de verse envuelto en la defensa de Badajoz una posibilidad de hacer algo para huir de su pasado y, quién sabe, poder vivir por fin en paz consigo mismo.